Cuando seguir también significa parar
Vivimos en un tiempo que nos empuja constantemente hacia adelante. Nos dicen que hay que avanzar, superarse, demostrar fuerza. Que parar es perder el ritmo y que descansar es quedarse atrás. Sin embargo, hay momentos en la vida en los que lo único que podemos hacer —y quizá lo más valiente— es respirar.
Estas imágenes nacieron, precisamente desde esa idea. No quería crear imágenes que obligaran a nadie a sentirse fuerte o invencible. Tampoco quería repetir ese mensaje que tantas veces escuchamos: sigue pase lo que pase. Porque la realidad es más humana, más frágil y, al mismo tiempo, más compasiva.
Las imágenes hablan de espacios silenciosos: una ventana con lluvia, un camino entre la niebla, una mesa tranquila donde el tiempo parece detenerse. Escenarios neutros, sin rostros definidos, porque este relato no pertenece a una sola persona. Puede ser cualquiera. Puede ser quien mira las imágenes y se reconoce en ellas.
Cada frase intenta acompañar, no empujar. Recordar que no siempre empezamos desde cero, que a veces seguimos desde las cicatrices, desde el cansancio o desde la duda. Y que seguir adelante no siempre significa avanzar rápido. En ocasiones significa simplemente parar, mirar hacia dentro y darse permiso para respirar.
Quería que el cierre del carrusel fuera íntimo, casi como el final de un capítulo, sin preguntas ni llamadas a la acción. Algo que no exigiera nada al lector, sino que le permitiera quedarse un momento en ese silencio. Porque hay procesos que no necesitan respuestas inmediatas; solo un espacio donde sentirse en paz.
Tal vez ese sea el verdadero mensaje de todo este trabajo: que el camino no siempre se mide en pasos visibles. A veces el avance ocurre dentro, cuando dejamos de luchar contra nuestro propio cansancio y empezamos a tratarnos con un poco más de ternura.
Y quizás, sin darte cuenta, algo dentro de ti empieza a estar en casa.





















