Por fin un hombre se atreve a expresarse y a contarnos su sentir.
Felicidades Pedro, por ser tan valiente y honesto.
Creo que es una prueba que todos somos iguales y que la responsabilidad de cambiar y crecer es de cada uno.
Gracias.
ARA
SOY HOMBRE Y
TAMBIÉN SOY EMOCIONAL
Me llamo Pedro y ya hace mucho tiempo que sigo a Araceli, sus
libros y todo lo que hace. A veces parece que me esté hablando a mi porque me
siento muy identificado con todo lo que dice o escribe.
Me leí A Solas,
su primer libro empujado por una amiga. En un fin de semana lo devoré. Me quedé fascinado de como sabe poner
nombre a las emociones, como puede describir con una normalidad aplastante y
única los dolores del alma de los seres humanos. Lloré como nunca lo había
hecho con un libro.
Luego me enganché
con Una mujer corriente, pensando al principio, que era un libro solo para
mujeres. Que equivocado estaba, volví a llorar pero también me reí con las
ocurrencias de Lola, su madre, la Sra. Maria o con los demás personajes. De nuevo
me quedé fascinado de como te llega al
corazón todo lo que les pasa. Como eres capaz de aprender tanto a través de
situaciones diarias y que a todos nos pasa. Para mi ha sido como hacer terapia
a través de sus libros. Siempre le estaré agradecido.
Con todo esto
quiero romper una lanza a favor de todos los hombres que también somos
sensibles y emocionales. Que nos gusta aprender y crecer y que no nos importa
que sea una mujer nuestra maestra, porque la sabiduría no tiene sexo.
Estoy harto de
oír que los hombres, por el hecho de serlo, no somos capaces de entender a las
mujeres, sus necesidades o su forma de sentir. Todos somos diferentes y cada
uno tiene la responsabilidad de madurar y crecer interiormente.
Yo nací y crecí
en una familia donde jamás se habló de sentimientos, casi era pecado. Si
lloraba por algo mi padre me pegaba una bofetada y me decía que los hombres
jamás lloraban. Si me atrevía a decir que estaba triste o enfadado por algo me
decían que era tonto sentir eso y que en la vida había que ser siempre
positivo. El problema es que yo no sabía que hacer con mi tristeza, ni con mi
rabia. Me la comí siempre. Fui un estudiante y adolescente modelo, tenía tanto
miedo a mostrar la rebeldía que llevaba dentro que también me la comí con
patatas. Aún así, jamás tuve felicitaciones, era mi deber y punto. No me sentí
ni valorado ni comprendido. Pero eso lo supe cuando crecí y entendí que algo en
mi no funcionaba. No sabía expresar mis sentimientos con las mujeres de las que
me enamoré y con mis dos hijos tuve que hacer un esfuerzo titánico para no
dejarles ese legado de represión que yo había arrastrado.
Tenía tanto miedo
a hablar y expresar lo que sentía que mucha gente me pisoteó, me humilló. Tuve
que aprender a marchas forzadas a poner límites a las personas que me usaban
como si fuera un klinex, expresión que siempre he oído decir a las mujeres.
Pero también hay mujeres que nos usan a los hombres así.
Y empecé a
crecer, primero leyendo todo lo que encontraba a mi paso sobre crecimiento
personal, luego haciendo terapia para entender todo lo que me pasaba o como
dice Ara, darme cuenta que era producto de esa mochila emocional tan pesada que
llevaba a cuestas sin mi consentimiento.
Hoy en día, tengo
48 años, un nuevo amor con el cual, por fin, me puedo mostrar como soy, triste
cuando estoy triste, jodido cuando estoy jodido, que me acepta tal cual soy sin
utilizarme y con la cual no siento miedo de decirle cuánto la amo.
Puedo llorar delante de ella y eso me hace sentir libre.
Nada ocurre por
casualidad dice Serena en A solas, quizás he tenido que pasar por todo lo que
pasé para llegar a donde estoy. Ahora lo se.
Soy hombre, y
también siento y sufro. La diferencia es que me he atrevido a mirarme por
dentro y aceptar que muchas veces ya me iba bien no moverme de donde estaba.
Tampoco sabía, pero busqué hasta encontrar la forma.
Animo a todos los
hombres que se atrevan a expresarse y que escriban su experiencia en esta
sección tan fantástica de este blog. Relatos…que se atrevan a hablar y
comprometerse.
Porque nosotros, también
tenemos voz.
Gracias por SER,
Ara. Un abrazo grande.
PEDRO
