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martes, 23 de junio de 2026

SAN JUAN: LA NOCHE QUE INVITA A RENACER



San Juan: La noche que invita a renacer

Hay noches que aparecen en el calendario y otras que parecen abrir una puerta. La Noche de San Juan es una de ellas.

Cada 23 de junio, cuando el verano empieza a desplegarse y los días parecen no querer terminar nunca, algo especial sucede. Las ciudades se llenan de luz, las familias se reúnen, los amigos alargan las conversaciones y el aire parece cargarse de una energía distinta, como si nos invitara a hacer una pausa y mirar hacia dentro.

Hace años, las hogueras eran las grandes protagonistas de esta noche. Hoy, en muchos lugares como Barcelona, las normas han cambiado y ya no forman parte de nuestra realidad cotidiana. Pero quizá eso nos ha permitido descubrir algo importante: la magia de San Juan nunca estuvo únicamente en el fuego.

La verdadera magia está en el significado.

En la necesidad humana de cerrar etapas, agradecer lo vivido y abrir espacio para lo nuevo.

Porque todos llevamos dentro cosas que pesan demasiado: miedos, decepciones, culpas, proyectos que no salieron como esperábamos o personas que ya no forman parte de nuestro camino. Y también llevamos sueños que aún esperan una oportunidad para crecer.

Por eso esta noche sigue siendo especial.

Porque nos recuerda que siempre podemos empezar de nuevo.

En Ven a Crecer creemos que crecer no significa ser perfectos. Significa evolucionar. Aprender. Atrevernos a cerrar capítulos para abrir otros nuevos. Igual que la naturaleza cambia de estación, nosotros también tenemos derecho a transformarnos.

Por eso, esta noche te propongo un pequeño ritual:

  • Escribe en un papel aquello que deseas soltar.

  • Piensa en tres cosas por las que te sientes agradecido.

  • Formula un deseo sincero para los próximos meses.

  • Si puedes hacerlo con seguridad, quema ese papel en un cuenco o recipiente adecuado y observa cómo se transforma en ceniza.

  • Mira después el cielo y recuerda todo lo que has superado para llegar hasta aquí.

No hace falta una gran hoguera para renacer. A veces basta con un gesto simbólico. A veces basta con una decisión.

Que esta Noche de San Juan te encuentre exactamente donde necesites estar. Rodeado de quienes quieres, compartiendo risas con amigos, disfrutando de la familia, en la tranquilidad de tu hogar o simplemente en tu propia compañía. Quizá junto a tu perro, cuidándolo de los petardos, o regalándote un momento de silencio en medio del ruido del mundo.

Sea cual sea tu manera de vivir esta noche, deseo que encuentres un instante para agradecer, para soltar lo que pesa y para abrir la puerta a todo lo bueno que está por llegar.

Porque crecer también es eso: aprender a encender nuestra propia luz cuando el mundo parece oscuro.

Feliz y mágica Noche de San Juan.

Con cariño,

Araceli
Ven a Crecer ✨🌙



sábado, 20 de junio de 2026

LO QUE NO SANAS, VUELVE


 

Lo que no sanas, vuelve

Donde se rompe el alma, no crecen flores.

Nos gusta pensar que el tiempo lo cura todo.

Que aquello que nos dolió hace años acabará desapareciendo por sí solo.

Que las heridas se cierran simplemente porque seguimos adelante.

Pero la vida suele enseñarnos algo diferente.

Lo que no miramos no desaparece.

Lo que no nombramos no deja de existir.

Y lo que no sanamos encuentra, tarde o temprano, la forma de volver.

A veces vuelve disfrazado de una relación que se parece demasiado a otra.

De una reacción que no entendemos.

De un miedo que creíamos superado.

De una tristeza que aparece cuando menos la esperamos.

No para castigarnos.

Sino para recordarnos que todavía hay algo que necesita nuestra atención.

Sanar no siempre significa olvidar.

A veces significa detenerse.

Escuchar.

Comprender.

Y atrevernos a entrar en lugares de nosotros mismos que llevamos demasiado tiempo evitando.

Sobre todo esto reflexiono en el nuevo episodio de La habitación interior.

Un episodio íntimo sobre las heridas que ignoramos, los patrones que se repiten y la importancia de escuchar aquello que sigue llamando a nuestra puerta.

🎙️ Capítulo 12 — Lo que no sanas, vuelve

Porque quizá algunas cosas no regresan para hacernos daño.

Quizá regresan para darnos una segunda oportunidad de sanar.

💛 Como siempre, el episodio incluye un pequeño ejercicio final de reflexión y acompañamiento.

 Puedes escucharlo aquí:

 👉 Escuchar en Spotify

La puerta queda abierta

sábado, 30 de mayo de 2026

¿QUIÉN TE ESCUCHA CUANDO NO TIENES A NADIE?

 


¿Quién te escucha cuando no tienes a nadie?
La soledad que escondemos detrás de una pantalla

Vivimos en una época en la que podemos obtener una respuesta en segundos.
Una duda, una preocupación, una discusión, una noche de insomnio o una tristeza inesperada.
Abrimos una pantalla y preguntamos.
Y, muchas veces, encontramos palabras que nos alivian.
Pero hay una pregunta que merece la pena hacerse:
¿Estamos buscando respuestas o estamos buscando compañía?
Cada vez más personas comparten con una inteligencia artificial cosas que quizá no se atreven a contar a nadie más. No porque estén haciendo algo mal, sino porque la soledad, el cansancio o la necesidad de sentirse escuchadas pueden empujarnos a buscar refugio donde sea.
La tecnología puede ayudarnos. Puede orientarnos. Puede acompañarnos en determinados momentos.
Pero hay algo que sigue necesitando presencia humana: el dolor, el duelo, los vínculos, la necesidad de ser vistos y escuchados de verdad.
Sobre todo esto reflexiono en el nuevo episodio de "La habitación interior".
Un episodio sobre la soledad de nuestro tiempo, sobre lo que buscamos cuando hablamos con una máquina y sobre la diferencia entre recibir una respuesta y sentirnos acompañados.
🎙️ Las máquinas no sanan
Como siempre, el episodio incluye un pequeño ejercicio final de reflexión y acompañamiento.
 Puedes escucharlo aquí:






sábado, 3 de enero de 2026

Nuevo Pódcast en Spotify "La habitación interior"

 


"La habitación interior" en Spotify, es un nuevo pódcast que nace como un espacio íntimo y profundo, un lugar donde bajar el ritmo y escucharnos sin exigencias. 

A través de episodios breves, de 10 a 15 minutos, propone conversaciones de tú a tú sobre procesos emocionales, crecimiento interior y todo aquello que suele quedar fuera del ruido cotidiano.

No es un pódcast para dar respuestas rápidas, sino para abrir preguntas, acompañar silencios y habitar con más honestidad lo que sentimos. Un espacio para entrar despacio y quedarse el tiempo necesario.

Cada episodio es una invitación a la pausa, al crecimiento y a una escucha emocional más honesta.

Para comprendernos con más amabilidad.

Aquí no hay prisa.

Solo presencia, voz y tiempo para lo que pide ser escuchado.

Cada episodio es una pausa hablada, una especie pequeña de meditación sobre un tema concreto.

Solo presencia.

Aquí y ahora.

Primer episodio viernes día 9 a las 20h en Spotify 

La puerta de la habitación está abierta.

 Te espero dentro




viernes, 14 de noviembre de 2025

LOS DISTINTOS ROSTROS DEL DOLOR: CUANDO LA VIDA SE ROMPE POR DENTRO


 


El peso del dolor: cuando la vida se rompe por dentro


Hay dolores que se nombran, y dolores que se callan. Dolores que duelen hacia afuera —como un golpe, una pérdida, una ruptura— y dolores que duelen hacia adentro, silenciosos, densos, casi invisibles.

Hay dolores que pasan como un viento y otros que se quedan a vivir en el cuerpo, en la memoria, en la respiración. Hay dolores que acompañan, que transforman, que enseñan… y también dolores que rompen, que paralizan y que obligan a reconstruirse desde cero.

En mi consulta lo veo cada día:

no existe una sola forma de sufrir.

Cada persona carga una historia distinta, una grieta distinta, un silencio distinto.

Algunos llegan con el peso de una ruptura que no esperaban.

Otros, con el cansancio emocional de haber sostenido demasiado tiempo lo que ya no podían sostener.

Hay quienes se sienten perdidos sin saber por qué.

Y hay quienes llegan tras una pérdida real, tangible, definitiva:

la muerte de un ser querido.

Ese dolor que no solo rompe, sino que reorganiza la vida entera en un antes y un después.

Hay un dolor que quema.

Otro que aprieta el pecho.

Otro que te deja sin voz.

Otro que te empuja a seguir cuando ya no sabes cómo seguir.

Y otro, quizás el más profundo de todos, que consiste en tener que vivir sin alguien que fue hogar.

El duelo —ese territorio sin mapas— es uno de los aprendizajes más duros que atravesamos como seres humanos. Nos obliga a cuestionarlo todo: la identidad, las raíces, el sentido, el amor, el futuro.

Nadie sale igual de ese lugar.

Pero, sorprendentemente, tampoco nadie sale vacío.

En el duelo aprendemos a sostenernos en la oscuridad, a encontrar consuelo en lo pequeño, a devolverle sentido a la vida cuando la vida parece habérnoslo arrebatado.

El dolor también es una brújula.

A veces señala lo que importa.

A veces susurra que necesitamos parar.

A veces nos dice que ya no podemos seguir solos.

No venimos al mundo sabiendo transitarlo.

No nos enseñan a escuchar nuestras grietas, a honrar nuestra vulnerabilidad, a reconocer cuándo es tiempo de pedir ayuda. Y sin embargo, crecer emocionalmente es aprender a convivir con todas nuestras capas, incluso las que duelen.

El dolor tiene muchas caras, muchos rostros.

No todos se muestran.

No todos se entienden a simple vista

El dolor es una experiencia tan humana que a veces olvidamos que no todos lo sienten de la misma manera. Lo transformamos, lo negamos, lo escondemos, lo convertimos en una máscara o una armadura… pero ahí sigue, respirando con nosotros.

Vivimos en una cultura que quiere que funcionemos siempre, que sigamos adelante, que no paremos.

Y sin embargo, cuando el dolor llega —ya sea un duelo, una separación, un trauma, un cambio inesperado, una traición o incluso ese cansancio vital que no sabemos explicar— todo lo demás se desvanece.

Escuchar el propio dolor puede ser como abrir una puerta que da vértigo.

Hay un dolor que se siente como grieta.

Una fisura discreta que no se ve desde fuera, pero que divide algo por dentro, como si una parte de ti ya no sostuviera el peso de la vida igual que antes.

Hay otro dolor que se siente como peso.

Una carga en el pecho, un nudo en la garganta, una tensión constante en la espalda. Un cuerpo que recuerda aquello que la mente intenta olvidar.

Y está el dolor que llega cuando perdemos a alguien que amábamos.

Ese dolor no se explica: se habita.

Es un vacío que no pide permiso, una ausencia que se hace presencia.

No duele solo lo que pasó; duele lo que ya nunca será.

Duele la despedida que no dimos, las palabras que faltaron, los rituales incompletos, las preguntas que no tendrán respuesta.

El duelo es un idioma propio: lento, íntimo, impredecible.

Pero también existe un dolor que no nace de la vida, sino de cómo la vivimos.

El dolor de sostener demasiado.

El de no pedir ayuda.

El de ser fuerte durante años.

El de llevar cargas ajenas por miedo a decepcionar.

El dolor que aparece cuando hemos aprendido a sobrevivir, pero no a cuidarnos.

Y quizá lo más importante: no todos los dolores buscan ser eliminados.

Algunos vienen a decirnos algo.

A obligarnos a parar.

A mostrarnos dónde se nos ha roto el alma, dónde necesitamos reparación, dónde hace falta luz.

Sanar no es olvidar.

No es borrar, ni superar a toda prisa.

Sanar es acomodar el dolor en un lugar donde ya no gobierne tu vida.

El dolor, cuando se escucha con honestidad, también puede ser maestro.

Nos descubre nuestros límites, nuestra ternura, nuestra fragilidad, nuestra necesidad de vincularnos.

Nos muestra lo que importa y lo que no.

Nos revela la profundidad de nuestro amor por los otros.

Y también la profundidad del amor que merecemos de nosotros mismos.

Este nuevo capítulo del pódcast nace de ahí:

de la necesidad de poner palabras a lo que casi nunca sabemos explicar.

De honrar todas las formas de dolor —las visibles y las invisibles— sin medirlas, sin compararlas, sin juzgarlas.

De recordar que sentir no nos hace débiles, nos hace humanos.

Si estás en un momento así, este episodio es para ti.

Para acompañarte, no para decirte qué hacer.

Para recordarte que no estás sola o solo.

Para ayudarte a poner nombre, voz y forma a eso que pesa y que a veces no sabes traducir.

Aquí te dejo el episodio completo de unos 10´minutos en Spotify donde incluyo una práctica de conexión corporal para acompañarte con suavidad:

👉 Escúchalo aquí

Y ojalá este espacio te ofrezca un pequeño respiro, una pausa, un abrazo en audio.

A veces, entender el dolor es el primer paso para aprender a abrazarse por dentro.




jueves, 15 de junio de 2017

RELATO: CARTA A LA ANSIEDAD


RELATO: CARTA A LA ANSIEDAD


 Como ya sabéis existe un apartado en el blog titulado Relatos, donde cualquiera de vosotros puede escribir un texto, si lo deseáis anónimo, del tema que queráis.
Esta vez me llega uno de Magalí, ella le escribe una carta a su ansiedad, como ha sido el encontrarla de repente en su vida y  su relación entre ambas y lo más enriquecedor, que le ha enseñado y que ha aprendido de ella.
Hoy en día el 90% de mis pacientes tienen ansiedad, es un síntoma, no una enfermedad en si.
La ansiedad básicamente es un mecanismo defensivo, un sistema de alerta ante situaciones consideradas amenazantes. Es un mecanismo universal, se da en todas las personas, es normal y adaptativo, mejora el rendimiento y la capacidad de anticipación y respuesta.
La función de la ansiedad es movilizar al organismo, mantenerlo alerta y dispuesto para inteferir frente a los riesgos y amenazas. La ansiedad, pues, nos empuja a tomar medidas convenientes, (huir,  neutralizar, afrontar, adaptarse, etc), según el caso de la naturaleza del riesgo o peligro. El ser humano desea lo que tiene y desea conservar lo que tiene.
La ansiedad pues, como mecanismo adaptativo, es buena, funcional, normal y no representa ninguna enfermedad o problema de salud.
Sin embargo, muchas veces, este mecanismo funciona de forma alterada, es decir, produce problemas de salud y, en lugar de ayudarnos, nos incapacita.
De repente dejamos de tener esa ansiedad normal para tener crisis continuas con síntomas que a veces, no solo nos asustan y nos confunden, (la taquitardia, ahogos o dolor en el pecho pueden hacernos creer que tenemos algún problema cardiológico),  sino que nos sentimos perdidos, paralizados y con miedo.
Pero recuerda que la ansiedad es la lucecita que se enciende para que te des cuenta que algo en tu vida y en ti no funciona. Ella puede avisarte de eso y darte cuenta que es lo que tienes que arreglar para que esa lucecita deje de estar encendida.
No te pelees con ella, es una batalla perdida de antemano, préstale atención, te habla aunque de entrada no entiendas su lenguaje. Escúchala atentamente y mira que te quiere decir.
Es lo que ha hecho Magalí, en lugar de ser su enemiga, la convirtió en su aliada. Y desde esa unión y entendimiento avanzó para que su lucecita dejara de parpadear.
Lee con atención la carta que Magalí le escribe a su ansiedad, seguro que puedes aprender y seguir creciendo...incluso puedes sentirte identificad@.
Mil gracias Magalí por ser tan generosa y permitir publicarla.
Juntos, seguimos creciendo.


Querida Ansiedad,

Tu visita fue inesperada. Quizá llevabas tiempo anunciándote, pero no supe reconocer tus pasos al acercarte.

Cuando llegaste, creí que quien llamaba a la puerta eran el Estrés y el Cansancio, dos viejos conocidos con los que he sabido lidiar anteriormente. Intenté mantener la puerta cerrada unos días más, aguantar la embestida de los golpes contra mi garganta con los que pedías paso insistentemente.

Cuando por fin lograste abrir la puerta, te me abalanzaste encima con un abrazo que me dejó sin aire. Me oprimiste el pecho y me apretaste el estómago. Dejaste caer todo tu peso sobre mi hasta el punto que sentí que no podía levantarme. Cuando intenté caminar, me arrastraste hacia atrás gritando “¡Para! ¡No puedes!”.

Desesperada, recurrí al Descanso, a quién pido ayuda pocas veces. Pero él poco pudo hacer: cuando me arropaba, tú venias a despertarme.

Luego se te unió el Miedo. ¡Menudo dúo vosotros dos!Tú apretándome el pecho y el estómago hasta hacerme llorar, y él susurrándome al oído: “Esta no te la vas a quitar de encima”.

Me refugié en los brazos del Amor, que gracias a Dios estaba allí para darme apoyo. Te rechacé, te odié, deseé con todas mis fuerzas que desaparecieras, pero no lo hiciste. Tuve que aprender a convivir contigo. Y al final el roce hace el cariño.

Un día me sorprendí a mi misma entablando conversación contigo.Me sorprendió lo mucho que habías venido a enseñarme sobre mi misma. Decidí invitar a la Reflexión a sentarse a la mesa con nosotras. Al principio la pobre se mostró muy confundida: no sabía bien como interpretar tu discurso. Pero con paciencia llegamos a algunas conclusiones.

Ahora hace algunos días que no te veo. De vez en cuando me parece oír tus pasos acercarse, pero al poco se alejan de nuevo y puedo respirar tranquila.

Últimamente veo al Descanso más a menudo, y dejo que se quede conmigo más tiempo que antes. Has hecho que me dé cuenta de lo mucho que lo necesito.

Además, he hecho una nueva amiga: la Calma. Ahora ella me acompaña siempre, incluso cuando el Descanso no está presente, y me ayuda a afrontar el día sin ti. A veces, cuando estoy muy ajetreada, la pierdo, pero entonces respiro profundamente y al abrir los ojos la Calma vuelve a estar allí, animándome con una leve sonrisa.

También procuro invitar regularmente a la Reflexión a tomar el té, y hablo con ella sobre cómo quiero ser y qué quiero hacer en la vida. Para leer bien los apuntes que elaboramos juntas, me he comprado unas gafas “del cerca”. Con ellas me miro atentamente y me entiendo mejor. Creo que con estas gafas también podré verte llegar si vuelves a acecharme.

Creo que no volveremos a vernos en una temporada. No te lo tomes mal, pero tengo nuevos planes que no te incluyen. Aún así, quiero despedirte dándote las gracias por todo lo que me has enseñado. Quizás tus métodos sean drásticos, pero he comprendido que viniste a advertirme de que algo iba mal, y que gracias a tu visita ahora avanzo hacia un lugar mejor. Confío que no te veas obligada a volver, pero si lo haces escucharé atentamente qué es lo que has venido a decirme sobre mi.

Te mando un beso y te adjunto algunos de los apuntes que hemos estado tomando con la Reflexión.

Gracias de nuevo,

Magalí